Potenciando el paisaje litoral o destruyéndolo

Con motivo de la lectura de la Guía de Buenas Prácticas de Intervención en Sistemas Playa-Duna nos acercaremos ante todos esos paseos marítimos, miradores, accesos a playas y otras intervenciones que supuestamente ponen en valor el litoral.
Ciertas actuaciones que se nos vendían o venden para recuperar y poner en valor el borde costero, eran exclusivamente para potenciar el turismo de masas a ciertos arenales o acantilados. Este enfoque ha provocado grandes alteraciones del paisaje litoral.

El paisaje litoral es uno los ámbitos paisajísticos de mayor potencial para la población, y al mismo tiempo unos de los espacios más frágiles del territorio. Estas características hacen que las actuaciones en el borde litoral deban ser especialmente cuidadosas.
Es indudable que las zonas costeras son espacios de gran valor estético, provocando un gran poder de atracción en la sociedad actual, especialmente en los meses estivales donde se concentran un gran número de visitantes. Debido a este gran poder de atracción se han llevado a cabo multitud de actuaciones para el disfrute de la ciudadanía, sin reflexionar sobre su repercusión.


A lo largo de los últimos años han proliferado paseos, miradores, ramplas y una diversa red de mobiliario urbano que asola el borde costero, en beneficio del disfrute de la población. Cuando nos acercamos a estas intervenciones detectamos en un gran número de casos un fenómeno de homogenización acorde con los procesos urbanísticos recientes. Rara vez tienen en cuenta la singularidad del territorio, repercutiendo en una pérdida de calidad. Los diseños y propuestas elaboradas cara un territorio aumenta el valor paisajístico del mismo, ya que aumenta la singularización del mismo, siendo el mejor ejemplo alguna propuesta de Land Art.
Esta repetición de recursos constructivos y disposiciones similares en ámbitos diferentes, con configuraciones geomorfológicas y ecológicas muy dispares, provoca alteraciones graves en estos sistemas litorales. A veces difícilmente corregibles.

Antes de abordar cualquier actuación, sea en una zona costera o interior, es conocer en qué espacio geográfico vamos intervenir. Algo que a tenor de los resultados, parece que se ignoró o no se analizó. El entender los valores del sector, permitirá realizar un diseño que potencie las singularidades del mismo sin ponerlas en riesgo. Analizar los elementos del ámbito y su fragilidad nos condicionará la intensidad de las actuaciones. Este análisis nos permitirá detectar sus valores naturales (geomorfología, fauna o flora), culturales (etnografía, arqueología, etc.) o paisajísticos (estéticos). Si los tomamos en consideración evitaremos impactos negativos como la destrucción de dunas, revegetación con especies invasoras o realizar accesos al borde de endemismos.

La fragilidad del paisaje litoral no es homogénea, por tanto no puede ser igual una intervención dentro de una trama urbana densamente poblada, como la ciudad de Barcelona o un paraje de un espacio natural. La capacidad de carga de estos espacios varía tanto, que se debe regular el acceso a los espacios de mayor fragilidad. El uso excesivo de estos recursos puede conllevar su destrucción.

Fuente: Correo Gallego

Otra variable muy importante y que enlaza directamente con la anterior, es el origen dinámico de estas zonas. Algo que se le escapa a los promotores o diseñadores de estas obras. El borde litoral está en constante evolución, fundamentalmente por la acción marina. Por ello gozan de una gran inestabilidad, siendo muy sensibles a las modificaciones del sistema. Este punto es clave para cualquier intervención, ya que las playas y los acantilados se están continuamente modelando. Por tanto, cualquier actuación no sólo debe contar con lo existente, sino con la evolución plausible de estos elementos.

La inclusión de las dinámicas litorales, especialmente en períodos más extremos, como la famosas ciclogénisis, es básica para garantizar la perdurabilidad de cualquier infraestructura y minimizar riesgos.
Si se tuviera más en cuenta este factor no observaríamos cada año el arreglo o substitución de ramplas de acceso, paseos y otras infraestructuras, con el correspondiente gasto para las arcas públicas. Y no se le echarían las culpas de la destrucción de estas infraestructuras al cambio climático, porque al ritmo que vamos parece que todos nuestros males se deben al cambio climático. A pesar de su existencia, no es la causa de todos los desastres que nos asolan, ya que muchos fenómenos catastróficos no se deben al cambio climático sino la ocupación incorrecta de nuestros artificios (casas, carreteras, paseos marítimos, etc).

Estas cuestiones me hacen plantear si realmente estamos poniendo en valor el paisaje litoral o lo estamos degradando. Es cierto que es más cómodo ir con el coche a pie de playa, después caminar por estos paseos y tomarse algo en el chiringuito de playa, pero lo que tenemos que preguntarnos a que coste.

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Proyectos de rehabilitación de Arribas

A pesar de esta crítica se han realizado proyectos de gran sensibilidad que realmente han puesto en valor el paisaje litoral promoviendo un turismo de calidad. Como puede ser el proyecto de rehabilitación de Arribas o la restauración del Paratge de Tudela-Culip citados anteriormente. Por todo ello, es necesario que las instituciones y profesionales fomenten el uso de equipos multidisciplinares y que se tengan en cuenta, abandonando el corporativismo y que los ciudadanos seamos más críticos con lo que nos venden.

Autor: Jose M. Taboada

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Jose Taboada

Licenciado en Geografía, Postgrado en Ordenación y Desarrollo Territorial (USC) y Master de Sostenibilidad y Responsabilidad Social Corporativa (USC).

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