¿Por qué los desastres naturales matan a más mujeres que a hombres y qué vamos a hacer al respecto?

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El 13 de Octubre se celebra el Día Internacional de Reducción de Desastres, una iniciativa organizada por la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción de Riesgo de Desastres (UNISDR en sus sigas en inglés). Dicha iniciativa busca concienciar a gobiernos, sociedad civil y organizaciones internacionales de la importancia de prepararse ante los desastres naturales de una forma más proactiva y eficaz como medida para evitar en lo posible los impactos que las grandes catástrofes tienen sobre poblaciones vulnerables en todo el mundo.

Los desastres naturales tienen consecuencias nefastas para las sociedades que los sufren tanto en términos sociales como económicos. Y es que según los estudios de nombrosas organizaciones humanitarias, por cada dólar invertido en la preparación para desastres, se ahorran de 2 a 10 dólares que serían gastados en la respuesta humanitaria si un desastre natural sacude a una comunidad, región, país o conjunto de países.

Por supuesto, la verdadera tragedia de los desastres naturales no son las pérdidas materiales o económicas, aunque éstas afecten en mucho la capacidad de supervivencia y recuperación en el corto y medio plazo de una sociedad.

Un informe de Oxfam internacional publicado apenas unos meses después del Tsunami desveló la magnitud de la desigualdad entre victimas hombres y mujeres: el número de víctimas mujeres era 4 veces mayor que el de los hombres.

En Indonesia, el país más afectado por el desastre, el estudio mostró que en ocho poblaciones de la zona de Aceh Norte el 77% de las personas fallecidas eran mujeres. En la población más afectada de esta zona, Kuala Canghoy, la tasa de mujeres muertas se elevó al 80% del total.

Las razones que explican esa desigualdad fueron, dice el informe: “algunos casos, el mayor número de muertes de mujeres fue debido a que éstas estaban en sus hogares o en la orilla del mar, esperando a los cargamentos de pesca en el momento del desastre. En cambio los hombres se encontraban en los campos, o en mar adentro pescando, por lo que no sufrieron apenas las consecuencias del tsunami, que golpeó con muchísima fuerza las costas”.

El estudio remarca otra gran razón que explica la diferencia entre número de muertos hombres y mujeres: “la inmensa mayoría de mujeres y niñas en dichas zonas no sabían nadar”.

Estas explicaciones no son casualidades, sino un resultado de las dinámicas de género que se dan en los países afectados por el desastre. La distribución de roles según el género afecta y mucho las posibilidades de supervivencia de unos y otras.

En las zonas rurales de Indonesia, como desgraciadamente en la mayoría de países del mundo, las mujeres y niñas son relegadas a un rol de cuidadoras del hogar y auxiliares del trabajo de los hombres/maridos y/o discriminadas en la formación y educación desde bien pequeñas. Ello afecta a sus posibilidades de desarrollo y acceso a medios de vida. Ante un desastre natural, cuando las condiciones de vida se extreman, el hecho de partir con una seria desventaja en la mayoría de cuestiones sociales y económicas, hace que las mujeres lo tengan mucho más difícil.

Mujeres y hombres siguen teniendo diferentes roles y responsabilidades y diferentes niveles de acceso a recursos en todos los países del mundo casi sin excepción. Las relaciones de poder desiguales, a pesar de la gran capacidad de resiliencia y de supervivencia que las mujeres demuestran tener en los desastres naturales, influyen mucho en las posibilidades que tienen de sobrevivir.

Ellas presentan un mayor nivel de vulnerabilidad frente a los desastres, debido a, entre otras, a estas razones:

a) El menor control legal y efectivo sobre los recursos o sobre ellas mismas hace que llegados momentos de emergencia o escasez, estén menos protegidas o tengan menos recursos para hacer frente a las adversidades. En un desastre, normalmente se extreman los niveles de pobreza y se rompe el tejido social de una comunidad. Ello tiene implicaciones sobretodo en los y las más vulnerables. Una comunidad puede verse obligada, debido a su empobrecimiento, a vender sus bienes o reservas de ahorro y frecuentemente son los de las mujeres los que primero se venden en caso de necesidad. De hecho en casos extremos, hasta mujeres y sobretodo niñas pueden ser “vendidas” por sus familias a cambio de bienes que aseguren la supervivencia del resto de la familia.

b) Su rol de cuidadoras. En multitud de países y culturas, la mujer tiene el rol de cuidadora de los miembros dependientes de la unidad familiar (ancianos, niños y enfermos) e incluso de protectora de los bienes domésticos o de la familia (la casa, los animales, etc.). Ello reduce drásticamente la capacidad de protegerse ellas mismas frente al desastre. Si la situación de crisis se alarga mucho, se suelen producir grandes procesos migratorios de la población afectada debido a la escasez de agua, alimentos u otros recursos o por el miedo a que un desastre se vuelva a repetir (como en el caso de las réplicas en los terremotos). En esos procesos, es la mujer quien debe cuidar a los más vulnerables también, lo cual merma sus posibilidades de migración o simplemente lo hace imposible.

El asunto se vuelve mucho más grave si consideramos que las consecuencias de las desigualdades de género en los desastres llegan incluso a afectar a las mujeres que sobreviven a los mismos:  el hecho de que sobrevivieran muchos más hombres que mujeres en el Tsunami trajo consigo más problemas para las supervivientes. El informe de Oxfam reveló consecuencias de este desajuste para las mujeres en algunos casos como: el acoso sexual y/o las agresiones a mujeres supervivientes en campos de desplazados donde había muchos más hombres; el aumento de matrimonios prematuros de niñas adolescentes por la escasez de mujeres, etc.

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Fuente: http://www.unitedexplanations.org

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Jose Taboada

Licenciado en Geografía, Postgrado en Ordenación y Desarrollo Territorial (USC) y Master de Sostenibilidad y Responsabilidad Social Corporativa (USC).

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