La dieta carnívora genera 35 veces más CO2 que la vegetariana

Una dieta con menos carne y más productos vegetales, a ser posible de proximidad y de temporada, reduce las emisiones de gases de efecto invernadero. Llevar una alimentación saludable en la que se reduzca el consumo de carne y se apueste por alimentos de proximidad no es solamente útil para mejorar nuestra salud y nuestra calidad de vida, sino que además sirve para frenar el cambio climático.

Esta es la conclusión que se recoge en el Cuarto Observatorio de Salud y Medioambiente de DKV, titulado “Bueno para ti, bueno para el planeta”, en el que se explica que introducir modificaciones en nuestra dieta es una de las maneras más efectiva de frenar las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel individual.

Uno de los datos que más llaman la atención del estudio es el impacto que tienen las distintas dietas en el medio ambiente, calculado en base a los kilogramos de CO2 generados al año. Y es que la dieta carnívora genera 6.700 kg de CO2 anuales, frente a los 190 de una dieta vegetariana, lo que supone un impacto 35 veces mayor.

El premio Nobel de la Paz y expresidente del IPCC (el grupo internacional de expertos sobre cambio climático) RajendraK. Pachauri ha abogado públicamente por la disminución del consumo de carne como fórmula personal para luchar contra el cambio climático. En concreto, el Nobel proponía empezar renunciando a la carne un día a la semana para, a partir de ahí, ir ampliando las reducciones progresivamente. Por otra parte, los alimentos adquiridos a nivel local o de proximidad suponen en general menores emisiones de CO2 por kg de alimento, aunque esto depende del volumen transportado y el medio utilizado para ello. “Frenar nuestro consumo de carne y adquirir alimentos que no hayan viajado antes de llegar a nuestro plato más de 300 km sirve para cuidar el planeta y, además, está demostrado que una alimentación de estas características es más saludable” explica el autor del Observatorio, Jesús de Osa.

Estos datos son el resultado de un estudio realizado en 2012 por encargo de la Comisión Europea en el que se analizó el potencial para reducir emisiones de CO2 de 36 cambios de comportamientos relacionados con la movilidad, la vivienda y la alimentación.

Si comparamos los distintos escenarios de dieta y de reducción de emisiones contemplados por el estudio de la Comisión Europea, con las recomendaciones para una dieta saludable, podemos comprobar como la dieta más positiva para reducir el cambio climático es también la más saludable.

Fuente: http://www.compromisorse.com

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Jose Taboada

Licenciado en Geografía, Postgrado en Ordenación y Desarrollo Territorial (USC) y Master de Sostenibilidad y Responsabilidad Social Corporativa (USC).

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