LA CIUDAD COMO UN SISTEMA VIVO. DE PARÁSITO A SIMBIONTE MUTUALISTA

Las ciudades como cualquier ser vivo tiene capacidad de nacer, crecer, reproducirse y morir, además de relacionarse con el medio ambiente. Esta idea es muy discutible y cualquier biólogo diferiría de la misma, pero a nivel urbanístico este planteamiento es muy útil, especialmente para la gestión de la trama urbana. La ciudad presenta una serie de funciones muy asimilables a un sistema vivo, que comentaremos a continuación:

–          Nacimiento. Todas las ciudades o urbes tienen un origen, que puede ser una pequeña aldea o poblado agroganadero, un campamento o fortificación militar, una instalación industrial o portuaria, etc.

–          Crecimiento. Si las condiciones naturales y culturales lo propician estos asentamientos amplían su territorio y su ámbito de influencia. Hoy en día, podemos ver ciudades con más de 1000 km2 y con un área de influencia que abarca todo el planeta, como es el caso de New York.

–          Reproducción. Los asentamientos se reproducen mediante un proceso de colonización, repitiendo las mismas tramas y funciones, como las colonias griegas, pasando por las ciudades coloniales españolas, hasta las recientes nuevas ciudades chinas.

–          Defunción. Los desastres naturales, las guerras, cambios climáticos o socioeconómicos han hecho desaparecer multitud de urbes, como es el caso de la ciudad romana de Pompeya.

–          Relación con su entorno. Toda ciudad se nutre consumiendo recursos de todo tipo y genera un residuo fruto de la metabolización de estos recursos. Un ejemplo claro sería el ciclo del agua dentro de una ciudad, con su red de abastecimiento y saneamiento. Además se adapta a su entorno de manera diferente y compleja, dependiendo de la realidad social, económica y tecnológica.

Actualmente la mayor parte de las ciudades actúan como parásitos o depredadores del entorno, consumiendo y deteriorando el medio natural. Este desarrollo viene de una concienciación de que el territorio, las materias primas y la energía son recursos ilimitados. Este pensamiento comenzó a cambiar desde finales del siglo XX, siendo más sensibles cara su entorno inmediato. Esto propició que las ciudades sean más sostenibles, especialmente en los países desarrollados, aunque siguen siendo grandes depredadores del territorio, ya que consumen una gran cantidad de recursos fuera de la misma. Un dato significativo es que las ciudades ocupan el 2% del planeta, pero representan entre 60 y 80% del consumo de energía y 75% de las emisiones de carbono.

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El planteamiento de la ciudad como un ser vivo, nos sirve para simplificar la complejidad de la red urbana y analizar su comportamiento con su entorno y promover una relación en el que la ciudad y su entorno se beneficien (simbionte mutualista). Las urbes han dado pequeños pasos para depender cada vez menos de su entorno siendo más autónomas y para integrarse con el medio, utilizando distintas estrategias:

–          Energía. Regulando normativas que promuevan el ahorro energético (aislamientos, bombillas de ahorro, etc.) y promoviendo la generación de energía dentro de la misma ciudad. A pesar de estos avances, la mayor parte de las ciudades están muy lejos de ser autosuficientes energéticamente.

–          Agua. En muchas ciudades, especialmente del Mediterráneo se han llevado a cabo políticas que promueven el ahorro y el uso eficiente del consumo hídrico.

–          Suelo. Ciudades donde este recurso es limitado, han restringido el crecimiento horizontal de las ciudades, promoviendo el desarrollo en altura o la restauración de los edificios existentes.

–          Las materias primas. Esta variable es la más difícil de abordar por las administraciones ya que mueve por las fuerzas del mercado. A pesar de ello, muchas ciudades promueven los productos locales, ya que presenta grandes beneficios a la sociedad y economía local, y se reducen costes de transporte. De manera más puntual, en algunas ciudades se han planteado huertos urbanos, con un gran éxito social.

–          Residuos. La mayor parte de las sociedades desarrolladas, están promoviendo el reciclaje de sus residuos.

–          Medio Natural. Gran parte de las urbes reservan ciertos espacios para el uso de zonas verdes y cada paso más ciudades promueven la vegetación autóctona ya que reduce considerablemente los costes ambientales y económicos.

Aunque estamos lejos de crear ciudades que permitan una relación de mutuo beneficio con el medio, se están dando pequeños paso para ello. Este es el único camino si queremos una sostenibilidad real no sólo de las ciudades sino de nuestro desarrollo como sociedad. En el próximo post ahondaremos en estrategias y políticas que han mejorado significativamente la relación de la trama urbana con su entorno.

Autor: Jose M. Taboada

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Jose Taboada

Licenciado en Geografía, Postgrado en Ordenación y Desarrollo Territorial (USC) y Master de Sostenibilidad y Responsabilidad Social Corporativa (USC).

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