San Paulo, el Mundial y la desigualdad

Siempre buscando sus límites entre el lujo, el gigantismo y la miseria, la ciudad más poblada de América del Sur no ha sacado ningún rédito de la Copa del Mundo. Las mejoras fueron escasas y las promesas, insuficientes.

La ciudad más poblada de América del Sur está siempre buscando sus límites entre el lujo, el gigantismo y la miseria. El Mundial no soluciona las cosas. Al contrario. Brasil crece en la noche, dice el proverbio. En San Paulo, crece tal vez incluso un poco más que en cualquier otro lugar del país: crece día y noche. Salir de la estación de metro de Itaquera, en el extremo Este de la metrópolis, es tomar el riesgo de perderse en esta jungla urbana sin fin.

Autopistas suspendidas con entrelazados improbables, paradas de autobuses apiladas y laberintos de edificios identificados por el pavimento ardiente y perforado. La capital económica de Brasil está marcada por las protestas, en junio de 2013, debido a un aumento en los costos de transporte. Pocos días antes del inicio de la Copa Mundial, el caos volvió a hacerse presente con huelga de los trabajadores del metro. Son postales que reflejan la imagen de una ciudad en expansión, donde los centros comerciales sirven como espacio social para los jóvenes de la llamada nueva clase media, y las vías de escape llevan directamente al embotellamiento.

Aquí, el nuevo estadio del Corinthians, el equipo de los 25 millones de seguidores encabezados por el ex presidente Lula da Silva (2003-2011) domina un paisaje enmarcado por el hormigón y el gris. Sede de la apertura de la Copa Mundial, el Arena Corinthians, apodado “Itaquerao”, despliega su estructura de acero y sus perspectivas rectilíneas, como un monstruo tubular finalmente domesticado, con meses de retraso y tres muertos durante su construcción.

Originalmente, el partido inaugural iba a jugarse en el estadio Morumbí, tal como se lo conoce al Cícero Pompeu de Toledo, la guarida del San Paulo Futbol Club, situado al otro lado de la ciudad, en la zona oeste. Pero las autoridades locales y la Federación Internacional de Fútbol (FIFA) tuvieron en cuenta la falta crónica de estacionamientos en Morumbí, el hecho de que había que techar totalmente el estadio y las deficiencias en el transporte público. Los paulistas vieron la mano de Lula, el lobby entre las autoridades locales y las futbolísticas y la expresión de algunas inconsistencias en la ciudad y el estado. Otros vieron el regreso de viejos demonios.

El presupuesto previsto para la renovación del estadio San Paulo FC se había estimado en unos 100 millones de dólares. Pero el costo del Itaquerao llegó a más de 360 millones de dólares. Un importe pagado sin regatear y lo suficientemente alto como para alimentar la amargura de diversos movimientos sociales. Especialmente desde que la presidenta Dilma Rousseff intervino personalmente y garantizó, en mayo, la inyección de 155 millones de dólares adicionales provenientes de los fondos federales para acelerar la terminación.

Fuente: http://arq.clarin.com

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Jose Taboada

Licenciado en Geografía, Postgrado en Ordenación y Desarrollo Territorial (USC) y Master de Sostenibilidad y Responsabilidad Social Corporativa (USC).

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