La privatización de los estadios tras el Mundial de Fútbol

Desde que fuera reformado para la Copa del Mundo 2014, el estadio más grande del mundo, el Maracaná, pasó a ser el Nº 22. En otros estados de Brasil el proceso fue inverso, dejando verdaderos elefantes blancos. El hecho es otro efecto de la privatización de los estadios, denominados en jerga neoliberal como ‘arenas’, los que fueron construidos con dineros del Estado y concesionados a consorcios privados por hasta más de tres décadas.

Un cartel dice en la entrada del estadio más grande del mundo: “Aquí Brasil construyó su historia”. Construido para la Copa del Mundo de 1950 era hasta hace poco el estadio más grande del mundo, con capacidad para 200 mil personas. La remodelación para la actual Copa lo redujo a 78 mil. En las calles de Rio de Janeiro se comenta que los privados ganaron al patrimonio público por goleada.

Luciano Teixeira, morador de la favela Metro Mangueira, ubicada a una cuadra del estadio Maracaná, en Rio de Janeiro, estaba acostumbrado a ir a ver a si equipo Vasco de Gama pagando una entrada de de 15 reales ($3.700). “Cruzaba la calle y estaba en pocos minutos en el Maracaná”- nos cuenta. Pero desde el año pasado, para la Copa de las Confederaciones, el promedio de la entrada subió a 45 reales ($11.250) y se empinó aún más tras la Copa del Mundo realizada en Brasil.

La reforma al estadio Maracaná costó U$ 2,7 billones, un 48,8% más que el presupuesto inicial. Donde antes había un gimnasio y una escuela pública se construyeron estacionamientos. La historia ahora la construye el Consorcio Maracaná, formado por IMX de Eike Batista (quien planeaba la construcción de la Termoeléctrica Castilla en Totoral), la constructora Odebrecht y la estadounidense AEG, quienes se ganaron la concesión del Maracaná por los próximos 35 años.

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Fuente: http://www.elciudadano.cl

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Jose Taboada

Licenciado en Geografía, Postgrado en Ordenación y Desarrollo Territorial (USC) y Master de Sostenibilidad y Responsabilidad Social Corporativa (USC).

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